dimarts, 18 de desembre de 2012

Un papel arrugado


Un papel arrugado 



¿Qué tiene de especial un papel arrugado? 
Nada o todo: porque hasta que no lo abres 
no sabes lo que hay dentro. 
Es como un pequeño meteorito, un cofre diminuto que podría esconder alguna extraña joya, es 
uno de los puños cerrados que tu madre te ofrece 
diciendo: elige. 
Tú eliges uno, y has acertado, tu madre despliega la mano y hay un caramelo, una uva o 
un bombón. Pero no puedes irte hasta que se abre la 
otra mano, porque es una mano cerrada que podría 
tener algo dentro, igual que un papel arrugado. 

La profesión del padre de Jaime y Greta variaba 
según quién la definiera en la familia. Su madre decía que era escritor profesional, su abuelo afirmaba 
que era un vago, también profesional. Jaime sospechaba que en realidad ambos se referían al mismo 
tipo de trabajo, pero quizá desde el punto de vista 
del abuelo Crisóstomo, que era director de un importante balneario en el norte, un vago y un escritor venían a ser lo mismo. 
Por su parte, la pequeña Greta estaba convencida de que la ocupación de su padre era arrugador 
de papeles. 
Lo observaba aporrear las teclas circulares de 
su máquina de escribir Remington, a sorprendente 
velocidad, acelerando hasta que, de repente, frenaba en seco. 
Su boca entonces se llenaba de insultos y maldiciones que le inflaban los carrillos hasta que no podía aguantarlos más, y entonces se le escapaban, 
arrancaba la hoja de la máquina de escribir, la arrugaba con ira y la arrojaba hacia el fondo de la sala. 
Y mientras los insultos volaban por la ventana describiendo espirales hacia el cielo de Madrid, el papel arrugado caía al lado de Greta dando dos pequeños botes, sin apenas sonido. 
—No lo toques. 
—¿Por qué? —preguntaba Greta. 
—Porque estos papeles arrugados esconden lo 
peor y si los abres lo peor te estallará en la cara. 
Pero era tan difícil no abrirlos.



CONTINUARÀ...

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